Chile merece su propio PLAN C
En México, se ha logrado poner en jaque a la corrupción. Durante años, la corrupción robaba los recursos públicos destinados a obras de infraestructura, salud y otros servicios esenciales. Contratos amañados, sobreprecios y empresas vinculadas a las élites políticas drenaban millones del presupuesto, dejando hospitales sin medicamentos y obras públicas inconclusas. El Estado era saqueado, mientras las promesas de solución a los problemas sociales quedaban en el aire.
Es hora de que en Chile se implemente nuestro propio **Plan C**. La corrupción y los privilegios de clase no desaparecerán mientras sigamos votando por quienes perpetúan este sistema. Debemos abrir los ojos y, como en México, dar un paso hacia una verdadera justicia social, votando por quienes están dispuestos a cambiar el país desde sus raíces.
