Mirada de árbol para Gustavo
Esa misma noche tuvo el sueño del bosque, donde los escarabajos apuntaban a los ojos laguna que se vaciaban, tan vívido y urgente, que no podía dejar de pensar en él. Después del mate de la mañana, se preparó para salir a comprar un tranquilizante. Al pasar por el ovejero que hay en Bilbao un escalofrío la hizo subir la guardia. Llegando a la plaza tuvo que restregarse los ojos, junto al sendero, al lado derecho de la fuente, el árbol más grande lucía un paño granate amarrado sobre su grueso tronco. El paño estaba bordado con un gran ojo abierto en el centro. Decidió cambiar el rumbo, en vez de ir a la farmacia, se fue a La Casa del Mate a comprar una bombilla nueva y yerba con naranja.
Llegando a casa eligió una taza de loza que tenía pintadas flores de bulbo, las que anuncian la primavera. Llenó el mate y se sentó a esperar. A las dos de la mañana sonó el teléfono y estaba preparada. Era el padre de Gustavo que llamaba desde el hospital llorando
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