Imagen: candidatos de derecha (pinochetistas descarados)
La derecha tiene mucho avanzado para ganar, y muchos motivos para querer hacerlo. En ninguna de las encuestas populares recientes gana la izquierda en segunda vuelta. Para ganar vamos a tener que dar una sorpresa, una buena sorpresa. Creo que ya mucho se ha dicho certeramente en relación a esta elección, incluyendo algo que quiero enfatizar acá: los peligros y problemas asociados a un eventual triunfo de la derecha.
Por eso, en realidad no quiero redundar demasiado. Quiero enfatizar en realidad el aspecto más oscuro de todo el asuntito: la asociación entre la derecha, el pinochetismo y la violencia política masiva en la historia reciente (no solo en o desde el golpe, sino durante todo el último siglo e incluyendo los últimos años, como sabemos, tristemente).
Hablamos de un bando que alberga a Kaiser y Kast, afines a figuras como Krasnoff y los torturadores y verdugos de Punta Peuco. Tienen a Matthei, que, aún siendo pinochetista, trata de distanciarse de los abusos ilegales que cometió el gobierno de su papi, el general Matthei (otrora miembro de la Junta Militar junto a Pinochet).
Es más, Matthei de todas maneras no quiebra políticamente con Kast o Kaiser a pesar de su radicalidad. Pretenden mantener una supuesta moderación política que no es tal, por lo mismo, obviamente, lo que además se refleja en la postura de estos personajes respecto a Israel. Israel es un país que no solo trató con Pinochet, sino que además hoy en día asesina masivamente a la población local palestina, la tortura, la vigila con las más sofisticadas y distópicas tecnologías de vigilancia (las mismas que están siendo testeadas y usadas por la derecha en EEUU y que tarde o temprano las derechas chilenas, aliadas de estos líderes mundiales extremistas, adoptarán para reprimir a su propio pueblo).
Recordemos además solamente que Kast ya habló en el pasado de tener enlistadas a las personas con ideas revolucionarias en Chile, y que promovería la autoridad del Ejecutivo para hacer detenciones sin orden judicial, en cualquier lugar, por tiempos indeterminados. Su aliado, Trump, en EEUU, ya está persiguiendo a la oposición de izquierda como amenaza criminal y terrorista doméstica, etiquetando a antifascistas como tales y tomando las posturas anticapitalistas como pista para identificarlos. ¿A esa gente –un claro peligro público– le queremos entregar el país? ¿A ellos queremos favorecer para que sigan en el poder y tengan opciones de estar en él a largo plazo?
La derecha chilena fue abiertamente de una postura de “mano dura” respecto a la violencia en el estallido de la revuelta de 2019, permitiendo el despliegue de la brutalidad policial como cómplices pasivos, el ensañamiento judicial contra personas procesadas por disturbios o conflictos violentos, y permitiendo la impunidad masiva para los pacos y los militares –con poquísimas condenas contra ellos (y que en la derecha toman como persecución judicial contra la policía y su sector). En la derecha promovieron también teorías conspirativas sobre el supuesto rol dirigencial de la izquierda en el despliegue de violencia delictual durante la revuelta. Esto obviamente los pone más asustados y odiosos contra sus opositores, más dispuestos a la violencia y lo que ellos mismos tematizan (recordemos las palabras de Piñera al principio del estallido) como “guerra”.
Aunque, asustados durante ese periodo, dijeron a todo el mundo que cambiarían las cosas, que reformarían el país para mejorar las condiciones de vida de la gente, básicamente solo se han dedicado a defender las cosas como están ahora. Siguen defendiendo acérrimamente a las AFP, el negocio de las ISAPRES, la sumisión legal de los trabajadores ante sus empleadores, el abandono a la educación pública, entre otros sabidos males.
Mucho se podría criticar a la izquierda en distintos frentes, incluyendo a la candidata Jara y su partido, pero creo que la idea que nos quieren meter de que el país se está cayendo a pedazos (y que será peor aún con Jara) es básicamente manipulación, y aunque podamos criticar a Jara por cosas como su postura frente a gobiernos izquierdistas autoritarios, claramente los comunistas chilenos no implican en un plazo previsible un riesgo para los chilenos –porque además igual no tienen poder militar ni simpatías del ejército, ni tienen planes ni prospectos previsibles de ningún tipo para avanzar hacia alguna clase real de socialismo anticapitalista o “postcapitalista” (aunque quisieran).
El gobierno de izquierda solo tratará de llevar una agenda moderada de cambios para mejorar nuestras vidas en lo inmediato, no sería un gobierno revolucionario sino de una coalición de centroizquierda donde se tendría que gobernar sí o sí colectivamente por un proyecto simple y sumamente moderado.
Tenemos que salir a votar masivamente y promover el voto, porque lo contrario sería a costo de seguir fortaleciendo a un sector radical de derecha que es hoy mismo y en el futuro un peligro para la vida e integridad de nuestra población. Gente que no dudará en implementar nuevas y más sofisticadas estrategias de represión de “mano dura” contra protestantes, que no dudará en traer tecnologías de vigilancia masiva para perseguir a su oposición.
Los riesgos de que salga la derecha son enormes para la población común y corriente de Chile, el trabajador típico (cualquiera de nosotros) que habita este país y lo levanta con su esfuerzo y pasión creadora. No podemos ser chantajeados ni manipulados por una tropa de delincuentes con careta de buena gente y sabia. Tenemos que rebelarnos contra la autoridad de los patrones de fundo (casi siempre con apellido gringo o europeo y un discurso nacionalista hipócrita y decartón), esos que se han adueñado de nuestras vidas y del poder político que pudieramos usar para cambiar las cosas.
Todos estos años te han intentado doblegar. Ahora es el momento de tomar el control de tu vida.
