Imagen: ilustración referida a un miembro de la cultura incel, haciendo referencia a la llamada «pildora negra» (Fuente)

Por Victor Serge

Cualquier persona que no viva en otro planeta sabe que existen cosas como la misoginia, la cultura de la violación y el supremacismo masculinista. No todos saben, sin embargo, de un particular movimiento donde cosas como estas se han vuelto cosa común, llegando incluso a tener ribetes violentos y de corte terrorista.

Hablamos de la cultura de los “incels”, un acrónimo formado en base a la expresión “involuntary celibate” (célibe involuntario), y que se refiere, tal como indica el nombre, a personas (particularmente hombres) que nunca han podido tener contacto sexual a pesar de desearlo. Hasta ahí todo ok (o más o menos). El problema es que, en torno a estas frustraciones, se ha gestado toda una cultura donde abunda el odio hacia las mujeres, hacia la humanidad y que incluso se solapa de manera relevante con movimientos y culturas derechistas e, incluso, ultraderechistas (aunque, para ser justos, según algunas fuentes, entre incels abundan también personas que se inclinan a la izquierda y al centro).

Si bien no todos los incels promueven o desean que sus ideas resulten en acciones violentas, algunos miembros e íconos de esta subcultura han perpetrado ataques violentos considerados incluso como terroristas (y donde una buena parte del movimiento apoya estas acciones).

En cuanto a su ideología, los incels suelen considerarse perdedores en la repartija genética y que tienen pocas o nulas oportunidades para realizarse romántica y sexualmente. Atribuyen esta situación a una cultura más amplia en la sociedad donde las apariencias importan demasiado, donde las mujeres no se fijan en quienes tiran menos pinta y en cambio se tratan de relacionar con los hombres más atractivos. 

Los incels suelen pensar que tienen derecho a ser satisfechos sexualmente y que una sociedad sexualmente jerárquica y decadente les niega esta posibilidad. Por eso, buscan que la sociedad cambie para que esta situación se revierta. Algunos proponen que el Estado debe financiar la contratación de pololas por dinero, prostitutas o terapeutas sexuales para satisfacer sus deseos frustrados. Otros, en el extremo más violento, han hablado de campos de concentración para mujeres, de esclavizarlas y violarlas.

Culpan a las mujeres de “hipergamia”, es decir, como habíamos mencionado, de aspirar a relacionarse con los hombres más atractivos. Como muchos machistas, creen que las mujeres se emparejan con idiotas en lugar de gente como ellos. Si bien entre incels abunda el auto-desprecio, también abundan discursos supremacistas donde estas personas se consideran, si bien físicamente menos atractivas, al menos psicológica e intelectualmente superiores a los demás.

Los incels tratan de ocupar estudios científicos, vinculados a concepciones refutadas y superadas como el determinismo biológico o interpretaciones antojadizas de la (interesante aunque en parte problemática) psicología evolutiva. Consideran que las personas que participan de interacciones románticas o sexuales y las buscan activamente son parte de un cruel juego de selección sexual darwiniana donde ellos, genéticamente menos aptos en lo físico, tienen la desventaja frente a las mujeres sea por cuestiones como el feminismo y los movimientos de empoderamiento femenino (a los cuales detestan), o incluso el uso de cosméticos.

No solo la misoginia se ha vuelto una marca del movimiento, sino también un odio misantrópico que extiende su alcance a los hombres sexualmente exitosos (a los que llaman “Chads”, la contraparte masculina de las “Stacys”).

Se les considera parte de una constelación más amplia de culturas típicamente machistas, colectivamente nombrada como la “manosfera” (“manosphere” en inglés).

En nombre del movimiento, o en base a ideas similares y como adelantábamos, se han cometido en los últimos años varios atentados violentos. Estos han llegado a ser calificados por algunas autoridades como atentados terroristas, y han cobrado la vida y la integridad física de un número no despreciable de personas. Investigadores como John Horgan, que en 2019 ganó un fondo millonario (por parte del Departamento de Seguridad Nacional gringo) para estudiar a los incels, están de acuerdo con esta caracterización. Según él, no todos los incels son terroristas, pero la violencia incel, cuando ocurre, califica como terrorista porque tiene como objetivo cambiar ampliamente la sociedad para conseguir sus objetivos.

Los incels han pululado en torno a foros como Reddit o sitios como Incel.me (que, aunque de corta existencia, emergió cuando la comunidad Incel de Reddit, con más de 40.000 miembros, fue cerrada por el sitio por sus políticas contra la promoción del odio y la violencia). Dado que sus espacios online han sido a menudo cerrados por autoridades o moderadores, se han replegado a sitios infames como 8chan o incluso en la llamada “internet profunda”.

Se ha estimado el número de incels en al menos las decenas de miles de personas. Podrían ser más.

En cuanto a análisis sobre el tema, están también investigadores como Stephane Baele, Lewys Brace y Travis Coan (para la revista académica Terrorism and Political Violence) que hacen un estudio cuático, cuantitativo y cualitativo, sobre el tema (usando más datos que la cresta). Según ellos, la visión de mundo incel, por como está hecha, tiene todas las marcas de una perspectiva extremista y, dadas sus ideas, no es sorprendente que ocurran eventos violentos en manos de estos personajes. Esto por la manera en que categorizan y explican el mundo social (en base a categorías rígidas, antagonísticas donde hay una clara distinción entre víctimas y victimarios, con ellos en el lado de las víctimas), y también por sus ideas fatalistas al respecto (se hacen a la idea de que no pueden hacer nada, al menos de corte pacífico, para remediar su situación), entre otros aspectos de esta oscura subcultura. 

Algunos creen que los incels emergen en un contexto de desarraigo social y cultural típico de las sociedades “neoliberales”, del quiebre o debilitamiento de los lazos sociales o por situaciones de lo que los sociólogos llaman “anomia”. Sin desmerecer esta posibilidad, quizás otra clave (posiblemente asociada) para leer el fenómeno incel (y pensar en cómo subsanarlo) es con la teoría del reconocimiento del filósofo y sociólogo Axel Honneth (reconocido usualmente por ser parte de la “tercera generación” de la llamada escuela de la “teoría crítica” que se remite a pensadores anteriores como Habermas, Adorno o Horkheimer). 

Las reflexiones de Honneth a este respecto tienen antecedentes también en el pensamiento del filósofo alemán G. W. F. Hegel (con precursores como Fichte y Rousseau), según el cual el reconocimiento mutuo es fundante de lo social, y de donde resultan tanto el “nosotros” como el “yo” (ninguno de estos polos siendo más relevante que el otro).

El reconocimiento, en este contexto, se refiere a atribuirle a otros sujetos la capacidad de razonar, la capacidad de ejercer autonomía y tener agencia (acción consciente), de reconocer a otro como un par. Parece como algo simple, pero dada la importancia de este tema se han derramado ríos de tinta en filosofía para darle vueltas. Se considera que el reconocimiento es un aspecto fundamental de la formación de la personalidad, uno sin el cual literalmente no podemos convertirnos en lo que somos, en personas formadas. Las faltas de respeto, la violencia, la discriminación o la falta de espacios sociales apropiados para el encuentro y el desarrollo de valores comunes, todo esto puede poner en riesgo la capacidad de las personas de desarrollar auto-respeto, auto-estima y confianza (toda vez que el reconocimiento mutuo se vea entorpecido o frustrado).

De acuerdo al estudio del reconocimiento en la tradición hegeliana, las personas no pueden ni siquiera llegar a ser auto-conscientes sin la presencia de otros sujetos (algo que tiene sentido también si lo pensamos en relación a lo que dice la psicología del desarrollo). Solo podemos desarrollarnos plenamente, en libertad, mediante el reconocimiento mutuo (algo que también se relaciona con la llamada “dialéctica del amo y el esclavo” en Hegel, o “lordship and bondage en inglés). El tema del reconocimiento en filosofía y psicología es tan interesante que da para otro artículo propio sobre el tema. Baste aquí lo dicho para tener una idea muy básica y general que todos podemos entender, que todos podemos sentir.

Es probable que, para lidiar con la problemática y la amenaza incel, debamos esforzarnos por construir espacios de encuentro y solidaridad, de respeto y consideración mutua. El caso de la misoginia incel parece ser solo un caso extremo de lo que la falta de reconocimiento (y/u otros males) le puede hacer a una persona cualquiera. 

En esa línea es que también es rescatable lo que reporta Jonathan Griffin para la BBC, en un excelente reportaje introductorio sobre los incels. Un ex-incel, Jack Peterson, relata cómo es que dejó de serlo. Según lo que le contó a Griffin, Jack dijo que la razón era básicamente: “simplemente volverme productivo y estar ocupado, viajar y reunirme con un grupo de personas diferentes”. Pero no se acaba ahí, en realidad. Dice también que hablar con medios importantes le hizo notar lo “aburrida y monótona” que era su vida. 

Se dió cuenta de que estar todo el día comunicándose con otros incels sobre lo miserables que son sus vidas no lo llevaría muy lejos. Jack comenzó a pensar que podía tener un impacto positivo en el mundo, y cuenta que obtuvo mensajes de fuentes que, podemos especular, implican algo de lo que hablábamos sobre el reconocimiento (lo que también en filosofía se reconoce en torno a la importancia de la amistad y el amor). “Estaba recibiendo comentarios positivos de feministas e izquierdistas. Y la comunidad incel me estaba diciendo que me matara. Y me dije: quizás esto no es saludable para mí.”

Griffin también habló con Emily (por seguridad, un pseudónimo), una persona que por años ha estado observando a la comunidad incel de Toronto (lugar donde ocurrió el horrendo atentado perpretrado en 2018 por Alek Minassian, auto-declarado incel). Se ha hecho pasar incluso por hombres para poder comunicarse con incels en internet. A pesar de que Emily ha recibido hasta amenazas de violación por parte de incels, tiene una gran empatía por ellos. Griffin termina su reportaje con las palabras que Emily le dirigiría en general a las personas incel: 

«Si proyectas amor en el mundo, lo recibirás de regreso”

«Si eres negativo hacia las mujeres, ellas nunca querrán tener una relación contigo».

«Por eso necesitas mucha ayuda espiritual. El mundo no es un lugar de odio. La gente es amigable. No eres feo. Tú importas».