Yo veo que el descontento de los gringos no se debe a que su presidente no sea una persona razonable, como todos percibimos desde el exterior; quizás ni se dan cuenta.
Lo que les molesta es la inflación: todos los precios han aumentado, especialmente la gasolina, y cuando sube la gasolina (en Chile se dice bencina), sube todo, lógicamente. Les revienta que ya no puedan cambiar de auto todos los años y que se gaste demasiado dinero en la guerra contra Irán o en financiar a Israel.
Las elecciones fueron el 3 de noviembre y hoy hay una avalancha de artículos, análisis y pronósticos en toda la prensa mundial. ¿Y cuál es la idea predominante? Pues que los latinos (así llaman a los mexicanos y a la gente de nuestra América, que de latina tiene poco, pero habrá que usar ese nombre para darse a entender)… Repito: que los latinos le volvieron la espalda a Trump y a su Partido Republicano.
Un gran número de ellos había votado por él cuando fue elegido, porque prometió acabar con la inflación y con las guerras, poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania en 24 horas, expulsar del país a muchísimos migrantes y tantas otras cosas. Pero la mayoría de esas promesas no se han cumplido, y la de los migrantes ha sido un factor de disturbios y ha afectado a los latinos, incluso a niños y a personas de tercera generación.
Hay que saber que en Estados Unidos viven más de 40 millones de personas de origen mexicano, muchas de ellas ya de segunda y tercera generación, nacidas allá y que no son extranjeras. Sin embargo, son perseguidas por el terrible ICE y viven y trabajan con miedo; hasta niños de cinco años han sido detenidos y separados de sus padres.

Las cifras de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México y de censos binacionales estiman que allá hay cerca de 40,6 millones de personas de origen mexicano:
- 1.ª generación (inmigrantes directos): 12,7 millones
- 2.ª generación (hijos nacidos en EE. UU.): 14 millones
- 3.ª generación (nietos con raíces mexicanas): 13,9 millones
Además de los «latinos» de origen mexicano, hay unos 93 millones de personas descendientes de extranjeros, como el propio Trump, cuya madre era europea. Entonces, los únicos NO MIGRANTES serían los indios que vivían allí antes de que llegaran los colonos ingleses. Estos fueron muy buenos colonizadores, porque se quedaron, trajeron a sus familias y cultivaron la tierra, a diferencia de los españoles que llegaron más al sur, que solo buscaban oro y riquezas para llevárselos a España y, al principio, no se instalaban acá.
Entonces, volviendo a las elecciones norteamericanas de hace un par de días, lo primero que ya sabemos es que el Partido Republicano sufrió una derrota estrepitosa, arrastrado por Trump, que ya era muy impopular.
Porque ¿quién puede confiar en un hombre que un día se disfraza de Dios, otro de Elvis Presley y después se pone a domar a un tigre? ¿Y que le quiere poner su nombre a todo, incluso al Monumento a Lincoln? No cabe duda de que sufre de una afección progresiva, como hemos visto.
Y este señor es, o se cree, el dueño del mundo: insulta al presidente de Francia o trata de manera grosera a un país como Noruega porque no le dieron el Premio Nobel. En fin, todas estas cosas nos tenían espantados, porque nunca se sabe lo que puede hacer una persona así. Y en sus manos está, o estaba, la suerte del mundo.

Uf, qué alivio. Por lo menos suponemos que ahora su partido lo tendrá controlado, cosa que debió haber hecho antes, por cierto.
Hay personas y medios de prensa que están pidiendo un juicio político (impeachment), pero eso parece muy difícil: el hombre es batallador y le quedan más de dos años de presidencia. Todo está por verse.
Pero para mí hay una cosa clara: esto va a repercutir positivamente en el resto del mundo. La ultraderecha, que se estaba afianzando por todas partes, ya no contará con la ayuda de Trump ni de sus paniaguados. ¡LA IZQUIERDA VOLVERÁ! Créanme, por favor.
