La sorpresiva —aunque para algunos perfectamente previsible— victoria de Jeannette Jara cambió por completo el tablero político chileno. Sociólogos, politólogos y opinólogos se dan un festín para explicarla, pero no nos detendremos ahí. Lo esencial, para quienes nos reconocemos en la centro‑izquierda y la izquierda histórica, es cómo avanzamos en la defensa de esta democracia aún frágil y de los derechos conquistados con tanto esfuerzo.

Durante 35 años hemos convivido con la herencia de la dictadura bajo un régimen de impunidad: un modelo económico que ensancha la parte superior del embudo y mantiene el cuello cada vez más estrecho para la base; un elenco político capaz de justificar, sin rubor, los crímenes y el saqueo.

La derecha heredera de la Dictadura hoy ya ni pide disculpas por las aberraciones cometidas. Figuras como Matthei, Kaiser y Kast proclaman con desparpajo que lo volverían a hacer. No sorprende: fueron la causa, el sostén y los beneficiarios de la Dictadura.

Sin embargo, la historia demuestra que los pueblos despiertan. El estallido social de 2019 recordó a quien quisiera verlo que la dignidad no cabe en recetas diseñadas para unos pocos. Ahora, otra vez, la “lluvia” de participación ciudadana desborda los cálculos de quienes pretendían administrar el malestar.

Esto nos recuerda a muchos pueblos que se instalan en cursos de antiguos torrentes y con el tiempo parecen olvidar que por ahí pasaba un río. Una buena lluvia prolongada les recuerda que la naturaleza es más poderosa que la ambición de vender terrenos donde no se debe.

Y llovió y todos se inundaron.  Y corren los politólogos, opinólogos y astrólogas a asegurar que ellos lo habían predecido. Tomás Mociatti lanzando todo su veneno, entre una adulación torcida a la candidata y su partido por el triunfo pero haciendo una analogía con la Metamorfosis, la comparación de la transformación de los Monstruos a humanos y viceversa, en una parodia que más se parece a los Cuentos de la Cripta. Y es el tono que se viene: es el inicio de la talvez mayor campaña del terror que conozcamos después de haber terminado, en el papel, con la Dictadura.

Frente a la maquinaria del miedo que ya se pone en marcha —analistas catastrofistas, portadas alarmistas, rumores de golpe— nuestra mejor respuesta es confianza y serenidad. No se trata de ingenuidad, sino de la certeza de que la democracia se ensancha cuando la gente común se organiza. Si ellos levantan fantasmas, nosotros levantemos propuestas; si ellos amenazan, abramos caminos.

Gane o no gane Jeannette, esta es la oportunidad de reinstalar en el debate las urgencias verdaderas: justicia social, igualdad de oportunidades, seguridad con derechos; barrios libres de narcotráfico y violencia, que es la consecuencia inmediata de las injusticias. Para ello debemos reconstruirnos desde abajo, enlazar nuestras pequeñas organizaciones, tejer una red que cruce el país de norte a sur y desmonte la fábrica de mentiras de la derecha y sus socios de ocasión.

Sabemos que parte de la ex‑Concertación vacila; algunos se subirán al carro solo para salvar su asiento parlamentario. No importa. Hemos remado antes contra corriente y volveremos a hacerlo, con o sin palos prestados. Cada persona comprometida vale por diez calculadores.

Por eso te invitamos a acercarte, a sumar tu voz y tu energía. Donde brille el sol siempre habrá espacio para la esperanza y la acción colectiva. En Frente Cacerola nos encontrarás trabajando, dialogando y soñando en voz alta.

¡Arrímése más pa’ cá, acá donde el sol calienta! La historia no está escrita: la escribimos cada día.

Escríbenos a fr************@***il.com y construyamos juntos un Chile donde vivir bien sea un derecho, no un privilegio.