El “experimento” libertario-fascistoide que montaron los hermanos Milei en Argentina está haciendo agua por todos lados, y ojo, porque las olas van a salpicar en Chile. No es menor: Matthei, Kast, Kaiser y Parisi llevan rato vendiéndonos el mismo cuento que los trasandinos compraron con entusiasmo. Si al “Peluca” le hubiese resultado la jugada, nuestros candidatos estarían en fila peleándose por quién se parece más a él… como cuando se sacan selfies con Bukele para parecer “cool”.

No olvidemos que uno de los gurús de Milei es Axel Kaiser, hermano de Johannes, ese diputado que nunca sabemos si habla en serio o está haciendo un sketch de humor negro. Ahora que la cosa se les viene abajo, todos estos candidatos de derecha se van a apurar en borrar fotos, borrar tuits, y hacerse los lesos con las frases en que juraban amor eterno a Milei.

El problema es que el circo se cayó, y se cayó con escándalo. La prensa que antes inflaba al “bufón” y a su hermana ahora corre a bajarse del barco. ¿La razón? Los audios filtrados que revelan un manual de coimas digno de película. Estamos hablando de sobornos millonarios en la compra de medicamentos para personas con discapacidad. Sí, así de miserable: plata en sobres a costa de los más vulnerables.

El abogado Diego Spagnuolo, que era hombre de confianza de Milei, cayó con una máquina de contar billetes, fajos de dólares y un iPhone que se negó a desbloquear. (En serio, ni en “El Marginal” pasan esas escenas). En Nordelta pillaron a empresarios con maletas llenas de efectivo y cajas de seguridad abiertas a la rápida, como si estuvieran en pleno “corre que te pillo”.

Los audios son aún más graves: ahí se escucha cómo supuestamente Karina Milei —la hermana todopoderosa del Presidente— y Eduardo “Lule” Menem cobraban un porcentaje fijo mes a mes. “A Karina le llega el 3% y el 1% se va en la operatoria”, dice uno de los registros. O sea, mientras Milei repetía “no hay plata” para recortar pensiones y programas sociales, en su oficina contaban billetes con máquina.

Lo más chistoso (o trágico, según se mire) es el silencio oficial. Milei no ha dicho ni pío, Karina tampoco, y el único que habló fue su jefe de gabinete, que básicamente salió con un “a mí no me dijo nada”. Bien gracias.

Ahora, ¿qué tiene que ver esto con Chile? Mucho. Porque varios políticos locales han armado su discurso copiando y pegando frases del manual libertario argentino. Hoy, con Milei enredado hasta las patas en un caso de coimas, lo que en un inicio parecía un modelo a imitar se transforma en un espejo incómodo. Y los chilenos, que ya estamos curados de espanto con escándalos propios, vamos a mirar a esos candidatos con más sospecha.

La moraleja es clara: cuando alguien venga con motosierra en mano prometiendo “orden y libertad”, mejor revisemos dos veces si en el maletín no trae también una máquina de contar billetes.